La pobreza espiritual es más grave que la material

Hoy en día todos estamos buscando riqueza. O casi todos. El último modelo de iPhone, un coche nuevo, lo más caro que nos podemos permitir, vacaciones de lujo en hoteles 5 estrellas. Muchos pensamos que somos pobres solamente porque nos comparamos con estrellas de cine o con Messi y Cristiano Ronaldo y sonamos con tener lo que ellos tienen. A todos nos preocupa el lado material, pero la verdadera pobreza – cuando ya tienes cumplidas las necesidades básicas – es la cruel pobreza espiritual.

¿A que me refiero? A una “enfermedad” que te condena a la ignorancia inmensa, a vivir privado de entender lo vivido, al no poder ver más allá del mundo físico, material. La pobreza espiritual te mantiene encadenado en el mismo círculo de imágenes preconcebidas sobre la vida, te impide experimentar y es lo contrario del estar abierto al mundo para poder enriquecerte con prácticas sensoriales nuevas e innovadoras. Es exactamente los que dijo Martha Medeiros:
Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música
quien no encuentra gracia en sí mismo

Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos
trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su vestimenta
o bien no conversa con quien no conoce.

Muere lentamente
quien evita una pasión y su remolino de
emociones,
justamente éstas que regresan el brillo a los ojos
y restauran los corazones destrozados.

Muere lentamente
quien no gira el volante cuando está infeliz con
su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir
atrás de un sueño
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos…

¡ Vive hoy !

¡ Arriesga hoy !

¡Hazlo hoy !

¡ No te dejes morir lentamente !

¡ No te impidas ser feliz !

Si no has leído ningún libro en el último mes, si no vas nunca al teatro o a un espectáculo de jazz, si no te interesa más que beber, comer, encontrar cuerpos nuevos para aventuras, salir viernes al bar de la esquina y tomarte 3 cervezas, entonces eres pobre. Si no te preocupa lo que pasa en África, Asia y otras partes del mundo solo porque no es tu problema, entonces eres pobre. Si no puedes estar tranquilo contigo mismo y con tus pensamientos y después de entrar en casa siempre enciendes la tele para que el ruido apague tu voz interior, eres pobre. Si quieres aprovechar de cualquier circunstancia de la vida, sin importarte si supone una cosa inmoral, eres pobre.

Puedes ser millonario (en euros), puedes tenerlo “todo muy bien montado”, pero créeme que eres POBRE en plan espiritual. Y eso no se cura si tú no intervienes en tu día a día para cambiarlo. ¡Todavia se puede! ¡Pruebalo! Lee, piensa, observa, entiende, ten empatía, ayuda! ¡No cuesta nada!

Gratian Cormos

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